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I'm a trans woman. The majority of my now public life and my interactions with other people are with people who don't know. I live in stealth mode, and I make compromises. I knew I was going to make compromises ever since I made the decision to transition. In fact, it was the realization that compromises could be made which allowed me to take those steps forward.

Work does not know, a lot of friends and acquaintances don't know, heck, even some of my doctors don't know. I didn't want people to know because a lot of people treated me different if they knew, like it wasn't just in the bucket of "woman" but a disclaimer. With those compromises came the stress. "What if they find out?" Invited to a beach day, a spa trip, an onsen, a drunk platonic friend offering me a place to sleep next to her if I was not sober enough to travel. "Do I tell her? Do I need to tell her? Are these just old habits? Does this inherently make me less safe of a person?" Leaving it off dating profiles, only to tell them if a date was established, especially with the current social climate. A potential love interest you chat with at an event. The disclaimer.

A constant fear that something will give, someone will put it together. Thoughts creep in during these moments, every time. "Am I a fraud? Am I a liar? Am I lying by omission?  Am I a bad person?" I've started to tell some more people in my life, just a few. But it's hard, it's heavy. I never asked for this, but I had to make compromises.

Adaptaciones

Soy una mujer trans. La mayor parte de mi vida pública actual y de mis interacciones con otras personas ocurre con gente que no sabe que soy trans. Vivo de manera discreta, y hago adaptaciones. Sabía que tendría que hacer adaptaciones desde el momento en que tomé la decisión de transicionar. De hecho, fue darme cuenta de que esas adaptaciones eran posiblemente lo que me permitió dar esos pasos hacia adelante.

En mi trabajo no lo saben; muchos de mis amigos y conocidos tampoco. Incluso algunos de mis médicos no lo saben. No quería que la gente lo supiera porque muchas personas me trataban de forma diferente cuando lo sabían, como si yo no pudiera simplemente estar en la categoría de “mujer”, sino que viniera acompañada de una especie de aclaración o advertencia. Con esos compromisos también llegó el estrés. “¿Y si lo descubren?”

Me invitan a un día de playa, a una salida al spa, o una amiga platónica, después de haber bebido, me ofrece dormir a su lado si no estoy en condiciones de regresar a casa. Entonces aparecen las preguntas: “¿Se lo digo? ¿Necesito decírselo? ¿Son solo hábitos viejos? ¿Esto hace que sea una persona menos segura o confiable?” También está el hecho de no incluirlo en los perfiles de citas y contarlo solo si ya se ha concretado una cita, especialmente considerando el clima social actual. O cuando surge una posible conexión romántica con alguien que conoces en un evento. La advertencia. La aclaración.

Existe un miedo constante a que algo falle, a que alguien ate cabos y lo descubra. En esos momentos, esos pensamientos aparecen una y otra vez: “¿Soy una impostora? ¿Soy una mentirosa? ¿Estoy mintiendo por omisión? ¿Soy una mala persona?”

He empezado a contárselo a algunas personas más en mi vida, solo a unas pocas. Pero es difícil. Es pesado. Nunca pedí vivir esto, pero tuve que hacer adaptaciones.